| En la Navidad celebramos el nacimiento de Jesús, Salvador del mundo,
Hijo de Dios. Estas palabras tienen todo un significado propio y profundo. A la vez,
observamos que Dios da a conocer a su Hijo en el seno de una familia. Algunas religiones
interpretan que Dios "utilizó" a la persona de María para introducir la
llegada del Salvador. Sin embargo, la cuestión no radica en
"interpretaciones". Porque la historia posterior confirma (por si quedan algunas
dudas) que María realmente fue elegida para ser Madre de Dios. No solo por sus
innumerables apariciones bajo otras advocaciones, sino también por sus prodigiosos
milagros que ni siquiera la ciencia puede explicar.
Retomando el
concepto, vale decir que Jesús podría haber aparecido de otra forma, haber sido
encontrado como un niño abandonado, haber sido adoptado por los esposos José y María, o
haber llegado como un peregrino, pero Dios no lo quiso así, el nació como todos, de una
mujer. Además nació en el mismo pueblo que pecó contra Dios, para confirmar el
carácter de Redentor para recuperar y salvar a los hombres.
Dios le otorgo un gran valor a la familia, Jesús nace de una mujer, es alimentado y
cuidado en el seno de ella, y creció como lo hacen muchos niños, con amor familiar
entregado por sus padres, la Virgen María y San José, y no puede ser de otra forma,
porque el ambiente más apropiado para el crecimiento, formación y desarrollo emocional
de un niño es la familia y especialmente con una vida ordenada, fiel, de mutua
preocupación y cuidado, e intenso amor.
A simple viste
podemos observar varias actitudes que se proyectan como ejemplos a seguir: la fe de María
al reconocer que en las palabras del Ángel Gabriel, se hallaba la verdadera voluntad de
Dios. Y también de José a quien definimos como "padre adoptivo de Jesús"; él
que en un principio dudo sobre la palabra de María pero que finalmente creyó cuando un
ángel lo visitó.
Entonces
observamos amor en José y María, fe y perseverancia para soportar diversas vicisitudes
que se les presentaron. En el medio de todo ello estuvo presente el Espíritu Santo para
guiar, para dar luz.
¿Y cómo es
que José y María no tuvieron más hijos?. ¿Porqué se pone en duda la virginidad de
María?. Muchas dudas intentaron sobrevolar y cuestionar la imagen de la Sagrada Familia.
En primer lugar
porque en aquel tiempo las consecuencias de un embarazo anterior a la celebración del
matrimonio traían consecuencias traumáticas que ahora no podemos imaginar.
En segunda
lugar, porque el ojo humano y el sentimiento que nace y se acomoda a la cultura reinante
de cada época no puede sino resistir la idea de que José y María, luego del matrimonio
no hayan concebido otros hijos o mantenido relaciones.
La respuesta a
toda duda es Dios. Porque cuando está Dios presente, hay un solo camino: el de la
santidad. Al lado de eso, no hay más nada. Es un sentimiento que todo lo ocupa y que ni
siquiera podemos percibirlo con total magnitud.
La presencia de
Dios y como dijimos, del Espíritu Santo que aparece como guía, no es puro concepto, ni
amuleto ni nada extraño. Es REAL; lo han vivido innumerables creyentes, que saben de que
se trata. Se han convertido, han afirmado su fe y experimentado la verdadera felicidad, en
lo que podría significar un "adelanto" de lo que nos espera allá en el
paraíso.
José y María
han creído en lo que les fue anunciado. Obraron en consecuencia. Procuraron lo necesario
para el bien de Jesús. En esa sencillez, nace el modelo de familia que se extiende sin
distancias a través de todos los tiempos. Con tres valores que surgen por excelencia y
que se extienden a otros valores: fidelidad, fe y amor.
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