| N.S. de Luján, 8 de mayo ¿Cómo la Virgen llegó a Luján?
Antonio Farías Sáa, un hacendado radicado en Sumampa
(Santiago del Estero) quería colocar en su estancia una capilla para la Virgen. Le pidió
a un amigo que vivía en Brasil que le enviara una imagen que representara la Inmaculada
Concepción de María. El amigo le envió dos, la que le había encargado y otra de la
Virgen con el Niño Jesús. Cuando llegaron, fueron colocadas en una carreta y partieron
en caravana rumbo a Sumampa.
La imagen era llevada en carreta de Buenos Aires a Santiago del Estero
cuando se detuvo inexplicablemente a las orillas del río Luján (67km de Buenos Aires).
Don Rosendo Oramas. Se cambiaron los bueyes y se bajó la carga,
pero sin resultado. Los bueyes rehusaban cruzar el río. Entonces alguien observó
las dos pequeñas cajas con las imágenes de la Virgen. Bajaron la estatua de la
Virgen con el Niño sin que nada sucediera, pero cuando removieron la caja con la
Inmaculada, inmediatamente los bueyes echaron a andar. Los asombrados testigos
repitieron esto una y otra vez, con idénticos resultados. Así comprendieron que
Nuestra Señora quería quedarse en Luján y ellos con gusto y alegría la
complacieron. Pronto la noticia se propagó y llegaban numerosos peregrinos. Al
principio la imagen fue llevada a la casa de Don Rosendo, quien fabricó la capilla
primitiva donde se veneró a Nuestra Señora durante cuarenta años.
Un esclavo escogido por la Virgen: Manuel
Manuel fue traído de Africa y vendido como esclavo en Brasil. Llegó al Río de la Plata
a los 25 años de edad, en la misma embarcación donde venia la bendita imagen de la
Virgen. Presenció el milagro en la estancia de don Rosendo y dedicó desde entonces su
vida a cuidar a la Virgen de Luján.
La tradición nos dice que Manuel, recibió el don de curación con el sebo de las velas
de la capilla y relataba a los peregrinos los viajes de la Santa Virgen, que salía de
noche para dar consuelo a los afligidos. Con los años, don Rosendo falleció y el lugar
quedó casi abandonado, pero éste hombre fue siempre fiel y continuó al servicio de la
Virgen.
Doña Ana de Matos
Viuda de Siqueyras, Doña Matos tenía tierras junto al río Luján, y quería construir
una capilla y llevar la imagen a su casa. En el 1671 habló con el Padre Juan de Oramas,
administrador de los bienes de don Rosendo y la colocó en su casa, pero la Santa Virgen
desapareció y la encontraron en su antigua capilla. Doña Ana volvió a llevar la imagen
a su casa y por segunda vez regresó a la estancia de Don Rosendo.
Doña Ana consultó entonces a las autoridades eclesiásticas y civiles, quienes viajaron
al lugar y examinaron lo sucedido, esta vez la Virgen fue trasladada en una devota
peregrinación y en compañía de Manuel. Desde ese momento la imagen no retornó más a
su antigua capilla.
Luego de confirmar la veracidad de lo sucedido, la autoridad eclesiástica, autorizó
oficialmente el culto público a la "Pura y Limpia Concepción del Río Luján".
Doña Ana donó el terreno para la realización del nuevo templo en el año 1677 lugar en
donde actualmente se encuentra la hermosa Basílica de Luján.
El milagro del Padre
Pedro de Montalbo
El Padre Montalbo estaba desahuciado cuando en 1684 viajó a Luján.
Casi moribundo fue llevado a la capilla. El Negro Manuel le ungió el pecho con el sebo de
la lámpara que ardía en el altar y le dio de beber una infusión con abrojos de los que
solía desprender del vestido de la Virgen. Don Pedro sano milagrosamente y agradecido se
quedó como primer capellán.
El Pueblo de Luján
El lugar empezó a poblarse con los devotos de la Virgen y tomó el nombre de
Nuestra Sra. de Luján. En 1755 se le otorgó el título de Villa. La devoción y los
milagros aumentaban y el 23 de octubre de 1730, Luján era instituida parroquia. El cura
párroco don José de Andújar deseaba ampliar el templo y junto al Obispo Fray Juan de
Arregui, iniciaron la construcción, pero esta terminó por desplomarse antes de ser inaugurada.
Don Juan de Lezica y Torrezuri
Nacido en Vizcaya, España, Don Juan estaba muy enfermo cuando fue
curado milagrosamente por la Santísima Virgen de Luján. En agradecimiento se entregó
por completo a la creación del nuevo templo y en agosto de 1754 se inicio la
construcción. En 1765 se terminó felizmente la obra y los cabildantes de Luján
eligieron y juraron a Nuestra Señora por celestial Reina y Patrona.
Orígenes de La Basílica Nacional de Luján
Hacia el año 1872, el Arzobispo de Buenos Aires, Monseñor Federico Aneiros,
entregó la custodia del templo a los sacerdotes de la congregación de la Misión,
conocidos como Padres Lazaristas (fundados por S. Vicente de Paúl).
En aquel entonces el Padre Jorge María Salvaire, fue herido en un viaje
por los indios y estuvo al borde de la muerte. En ese momento realizó una promesa a la
Santísima Virgen y milagrosamente fue sanado.
La promesa del Padre Salvaire fue, "Publicaré tus milagros..., engrandeceré tu
Iglesia". En cumplimiento de este voto, publicó en 1885 la "Historia de Nuestra
Sra. de Luján".
En 1889 fue nombrado Cura Párroco de Luján y dedicó su vida y
esfuerzos para edificar la gran Basílica, con el apoyo de Monseñor Aneiros y la
colaboración de sus compañeros de Congregación, inició la construcción de la actual
Basílica Nacional el 6 de mayo de 1890. La Basílica se inauguró en el 1935. El director
de la obra fue el Ingeniero Ulrico Courtois.
La grandiosa basílica, de estilo gótico, tiene preciosos vitrales.
La cripta de la basílica alberga muchos tesoros
relacionados con la historia de Luján, cuenta además con hermosas réplicas de todas las
advocaciones marianas
de América.
Aprobación
eclesiástica
La Solemne Coronación de la Virgen de Luján
El Padre Salvaire, en 1886, presentó al Papa León XIII, la
petición del Episcopado y de los fieles del Río de la Plata para la coronación de la
Virgen. El Pontífice bendijo la corona y le otorgó Oficio y Misa propios para su
festividad, que quedó establecida en el sábado anterior al IV domingo después de
Pascua. La coronación canónica se realizó el 8 de mayo de 1887.
El santuario recibió de Pío XII el título de Basílica en el año de
1930.
Juan Pablo II bendijo la imagen de Nuestra Señora de Luján el 11 de
noviembre de 1995, con ocasión de la visita «ad límina» de los obispos argentinos.
El 13 de noviembre de 1998 el Papa visitó la iglesia nacional de
Argentina en Roma, el primer templo de una república americana situado en la diócesis
del Papa, y entronizó la imagen de la Virgen de Luján, patrona de Argentina.
Dijo el Papa: «En la encrucijada del Tercer Milenio te
encomiendo, Madre Santa de Luján, la patria argentina: las esperanzas y anhelos de sus
gentes; sus familias y hogares, para que vivan en santidad; sus niños y jóvenes, para
que crezcan en paz y armonía y puedan encontrar su vocación humana y cristiana; te
encomiendo también el esfuerzo cotidiano y el diálogo solidario de los empresarios,
trabajadores y políticos, que en la Doctrina Social de la Iglesia encuentran su
inspiración más genuina».
El pontífice también suplicó a la Virgen Patrona de la Argentina que
cuide al pueblo argentino, lo sostenga en la defensa de la vida, lo consuele en la
tribulación, lo acompañe en la alegría y lo ayude siempre «a elevar la mirada al
cielo, donde los colores de su bandera se confunden con los colores de tu manto
inmaculado».
El Papa Juan Pablo II visitó la Argentina dos veces, la primera durante
la guerra de las Malvinas. El Papa también fue mediador para la paz con Chile. |