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Mártires Rioplatenses, 17 de noviembre

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Roque González nació en 1576 en la Asunción del Paraguay, capital entonces de la Gobernación del Río de la Plata. Alonso Rodríguez y Juan del Castillo eran españoles. Estudiaron en nuestra patria, se ordenaron sacerdotes, ejercieron el magisterio y fueron misioneros, siempre en América. Trabajaron en las reducciones, fundaron pueblos que hoy subsisten, propagaron la fe católica en las naciones de la cuenca del Plata y murieron a manos de los indios.

Estos conquistadores de almas hicieron su entrenamiento sacerdotal en pueblos indígenas. El Rvdo. P. Roque González se internó en las selvas chaqueñas, sufriendo hambre y las inclemencias del clima, enfrentado pestes e inundaciones: en dieciocho años fundó trece pueblos, que llegaron a tener una población de cerca de treinta mil almas. El Rvdo. P. Alonso Rodríguez le pidió acompañarlo en sus conquistas; así se lo destina a Caaró. En las misiones del Uruguay y de San Nicolás de Piratiní se lo ve al Rvdo. P. Juan del Castillo. El gran misionero le confiere el pueblo de Asunción de Ijuhí.

El valor, la audacia, la prudencia, sirvieron a estos tres sacerdotes jesuitas para sortear durante muchos años ataques y celadas de los salvajes. El cacique, Nezú, hombre cruel y disoluto, que ejercía funciones de hechicero y se hacía adorar como un dios, concibió la idea de matar a los tres misioneros. Un terrible golpe de itaizá (palo a modo de maza, en cuya extremidad se ata una piedra) mató al Rvdo. P. Roque González, el 15 de noviembre de 1628.

Ante la confusión y los gritos salió de la iglesia el Rvdo. P. Alonso Rodríguez, a quien dieron muerte del mismo modo. Incendiaron la iglesia y todo lo destrozaron, arrojando a las llamas los cuerpos sin vida de los dos sacerdotes. Nezú, gozoso, se vistió de gala, convocó a los caciques, invocó poderes mágicos y amenazó con severos castigos a quienes no obedecieran sus órdenes. Exigió acabar con el Rvdo. P. Juan del Castillo, quien el día 17 fue llevado al monte. Le rasgaron los vestidos, lo ataron y lo arrastraron entre las piedras y malezas, lo arrojaron a un lodazal y lo ultimaron con una enorme piedra que le destrozó la cabeza. Los cuerpos mutilados de los misioneros en gran parte no se quemaron y doscientos indios de la Candelaria juntaron en una sábana sus despojos. El dolor del pueblo cristiano fue muy grande.

"Aunque me matáis, no muero"; cincuenta indios atestiguaron que estas palabras salieron de labios del Rvdo. Padre Roque González.

Martirio. El 15 de noviembre de 1628, celebró la Santa Misa cerca de Caaró (hoy día en Brasil), donde se planeaba una nueva reducción. Allí fue asesinado por un cacique llamado Nezú. Los asaltantes quemaron su cuerpo pero, milagrosamente, quedó intacto el corazón. Para gran asombro de los asesinos, el corazón del santo les habló haciéndoles ver lo que habían hecho e invitándoles al arrepentimiento. Este corazón tan lleno del amor divino para todos los hombres, se mantuvo incorrupto. Cinco años más tarde fue llevado a Roma junto con el instrumento del martirio: un hacha de piedra.

El corazón de San Roque y el hacha fueron trasladados a Paraguay en 1960 tras una breve estancia en Argentina. Ahora están expuestos en la Capilla de los Mártires en el colegio de Cristo Rey, Asunción, Paraguay. En la misma capilla hay una placa con los nombres de 23 misioneros jesuitas martirizados en la región.

Es de notar que ninguno murió a manos de los indios guaraníes de las Reducciones sino por miembros de otras tribus que no les conocían o de los "paulistas". Estos últimos eran cazadores de esclavos procedentes de San Paulo, Brasil, que tenían a los padres por enemigos por su defensa de los indios.

La visión de San Roque sobre las Reducciones se conserva en una carta a su hermano Francisco: "Nosotros trabajamos por la justicia. Los indios necesitan estar libres de la esclavitud y de la dura servidumbre personal en la que ahora se encuentran. En justicia ellos están exentos de esto por ley natural, divina y humana".

En 1931 Roque de Santa Cruz y sus dos compañeros mártires, Alonso Rodríguez y Juan del Castillo, fueron beatificados.

San Roque fue canonizado por Su Santidad Juan Pablo II en su visita al Paraguay, en la ciudad de Asunción, el 16 de Mayo de 1988. El primer Santo Paraguayo e inspiración para toda la humanidad.

 

* Por Gustavo Carrere Cadirant
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