| A continuación ponemos a disposición una noticia que tuvo fuerte eco en
mayo de 2004 y que será, en lo inmediato, una cuestión a tener en cuenta a la hora de
confesar los pecados. El desarrollo de internet, y la proliferación de contenidos de lo
más diverso, predominado por el principio de libertad de acceso, ha llevado a la Iglesia
a plantear este tema. |
| ¿Cuántas veces lo hiciste?Pocas padre, una docena.¿Y te
parece poco, hijo? Sí padre. No es para tanto. Un rato de sitios pornográficos,
media docena de virus enviados para divertirme, un poco de e-mails basura, dos horas
chateando con amigos mientras mi mujer y mis hijos me llamaban a cenar...
Este diálogo entre un internauta y su confesor pertenece a un nuevo mundo: el de los pecados
informáticos, que los fieles católicos tendrán que agregar a la lista que llevan al
confesionario.
Los penitentes electrónicos deberán pedir perdón por muchas cosas. En primer lugar por
la navegación en los sitios pornográficos que florecen en la red. Pero también, por
enviar mails basura, estafar amparándose en Internet, descargar música ilegal o robar
información. "La responsabilidad ética se hace cada vez más amplia a medida que se
alargan los espacios de comunicación", explica el teólogo redentorista Sabatino
Maiorano, rector de la Pontificia Academia Alfonsiniana de Roma.
El padre Maiorano fue uno de los relatores del seminario sobre las familias y los
medios de comunicación que concluyó ayer. Cuarenta teólogos morales de todo el
mundo se reunieron primero en el santuario de la Isla del Gran Sasso, cerca de Téramo
(centro de Italia) y después en la Universidad Lateranense de Roma, para afrontar un tema
novísimo: la confesión y las nuevas insidias de Internet.
La red informática que crece cada día, con cientos de millones de internautas que
navegan con una libertad desconocida en el pasado, inquieta mucho a la Iglesia que quiere
también ponerle sus controles morales.
El confesor, según el padre Maiorano "debe hacer comprender que un determinado
comportamiento puede hacer daño a los otros. Se trata de dar una ayuda a quien quiere
vivir responsablemente la libertad ofrecida por los nuevos medios de comunicación.
Hacerle comprender también la diferencia entre el delito informático y el pecado".
El exceso de dependencia de Internet hace perder "la dinámica familiar",
concluyeron los teólogos en el seminario. Quien pasa la noche chateando en vez de
estar con su familia comete una falta grave. Peor si además entabla relaciones
sentimentales virtuales con otra persona.
Además, debatieron sobre el respeto de la intimidad, que resulta violada cuando se
usan datos personales sin consenso, o cuando se invade a otro enviándole e-mail
indeseados".
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